Las tiendas de juegos: La parroquia, primera parte.

Este pequeño artículo pretende ser también el primero de una serie en la que voy a hablar un poco de la experiencia que tengo, desde todas las partes de la barrera posibles, en el tema de las tiendas Hobby.

Con tiendas Hobby me refiero a tiendas específicamente dedicadas a juegos de mesa, cartas, rol o complementos para los mismos, pudiendo dedicarse a vender algún producto complementario, como por ejemplo merchandishing de cómics, series o películas.

De momento, no voy a ponerme a hablar de inversiones iniciales ni elecciones de local ni nada parecido. Hay millones de páginas por todo internet que te dicen como poner en marcha un negocio y dónde es el mejor sitio para hacerlo.

No descarto hablar del tema en un futuro lejano, pero de momento vamos con pequeños consejos de funcionamiento que voy a salpicar con alguna anécdota personal.

En este primer artículo, voy a hablar del primer tema que les comento a todas las tiendas de juegos de mesa cuándo me preguntan que es lo que considero más importante a la hora de que la tienda sea un éxito y sobreviva indefinidamente.

Mi respuesta a esta cuestión siempre es la misma. No es aplicable a todos los casos, pero si a la pequeña tienda de barrio que va a abrir la mayoría de la gente.

La Parroquia de la tienda

Ni más ni menos y, aunque suene de lógica, aquello que va a mantener con vida tu pequeño negocio, igual que el de todo el mundo, es la parroquia pero ¿Nos vale cualquier parroquia?

Obviamente no, hay muchos tipos de parroquiano y no todos son buenos para la tienda. De hecho hay alguno que va a ser tremendamente negativo y hay que saber identificarlo pronto. En el próximo artículo de esta serie, me pararé en los tipos de parroquiano.

Que es un parroquiano, cómo identificarlo y qué hacer con el cuando tienes uno.

Mi primer trabajo más o menos real fue en la cafetería de mis padres y, en ella, empecé a conocer el poder real de la parroquia y el auténtico arte que mi padre era capaz de desarrollar a la hora de mantenerla.

Un parroquiano es aquel que, cuando le apetece algo que tenga que ver con lo que tu haces, piense que lo mejor que puede hacer es hacerlo donde tu lo haces. Aquel que ve un juego que le encanta en las ofertas que le surgen en Internet y, en lugar de pensar «Oh, que barato, me lo voy a comprar» piensa «Que juego más chulo, voy a ver si me lo pueden conseguir en mi tienda»

Es gente valiosa, pero porque tú eres una persona valiosa para ellos, no vale decir que es un «habitual», un parroquiano está por encima de ser habitual. El te lo va a hacer sentir y tú tienes que hacerle sentir que lo es.

El parroquiano de verdad, el pata negra, es aquel que, según entra por la puerta, sabes lo que quiere y se lo das. Ese señor de traje y corbata que entra por la puerta de la cafetería con cara de que le ha costado dos horas salir de la cama por la mañana y que, antes de sentarse en la banqueta tiene delante el café con leche ardiendo con sacarina y la napolitana de chocolate que has metido 10 segundos en el micro.

-Como estamos confinados por el COVID-19, tiro de fotos de stock y ya pondré mis propias fotos en el futuro.

Ahora estaréis pensando ¿Pero en una tienda de juegos como voy a ponerle el café con leche y la napolitana según entra por la puerta?

Puedes cambiar el café por cualquier cosa.

Seguro que has ido alguna vez a un mercado a comprar. De los de verdad, de los que son un montón de puestos llevados por diferentes personas y has visto miles de tipos de «Café con napolitana».

«Hombre Carmen, precisamente me han entrado unas chuletas buenísimas esta mañana y he pensado, estas se las guardo a Carmen»

cualquier carnicero de mercado ante cualquier parroquiana

Seguro que si estás abriendo una tienda de juegos es porque crees que eres capaz de venderlos, es la premisa inicial, la number one ¿Voy a ser capaz de ganar dinero con esto en lo que estoy invirtiendo tiempo, dinero, esfuerzo y horas de sueño?

El ejercicio mental es fácil.

Piensa en cinco conocidos tuyos, que sean gradualmente de más a menos cercano, tu mejor amigo, tu pareja, un compañero de colegio, un amigo de tu pareja, un compañero de trabajo, tu jefe…

La idea es asociar un juego a cada uno. Es probable que no les hayas visto jugar nunca a nada, pero seguro que te haces una idea de por dónde pueden ir los tiros.

Este es un ejercicio que deberás hacer más de dos veces a lo largo de tu carrera como vendedor de juegos, así que acostúmbrate a el.

Vamos a centrarnos en las dos primeras personas de tu lista, esas son la parroquia de tu vida. Gente que pasa habitualmente por ella, con la que interactuas de forma amistosa y de la que eres capaz de saber si les va a gustar un juego según lees la parte de atrás de la caja.

La idea, por supuesto, es conseguir hacer eso con la mayor gente posible, que cuando una persona entre por cuarta vez en tu tienda tu salgas del mostrador, cojas ese eurogame que te llegó ayer y le digas «Hombre Carmen, precisamente me llegó ayer un pedido de novedades, vi este juego y pensé, este lo tiene que ver Carmen».

Este tipo de trato es lo que diferencia al pequeño comercio, ese que hay que defender con uñas y dientes y el que más sufre cualquier cambio. Es un trabajo mental muy difícil, mucho más difícil que saber qué desayuna todos los días el señor de traje y corbata, pero la verdad es que si fuera fácil, no haría falta que abrieras una tienda, ya haría el gran mastodonte de turno el trabajo por ti.

El mundo de las fotos de archivo, una vez más.

Creo que con este primer texto ya nos queda más o menos claro lo que es un parroquiano y la idea que deberíamos tener a la hora de identificarlo y tratarlo. Más adelante hablaré de los tipos de parroquiano ( Saludables e insalubres), daré consejos de cómo mantener a la parroquia contenta y, por supuesto contaré divertidas y terroríficas anécdotas con ellos.

Fotos de archivo sacadas de pexels, autores: anheuserbusch y Artem Beliaikin.

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